jueves, 11 de diciembre de 2014

Integración de las teorías de la competitividad en contextos globales y la normatividad, para lograr desde las empresas colombianas una competitividad nacional con justicia social.

Las empresas colombianas, en un cambio de normatividad, con una competitividad nacional con justicia, deberían articularse con instituciones de apoyo como las universidades, ya que es necesario que se instituyan, porque es ahí, donde está la fuente de capacitación e investigación para las empresas.

Además, los modelos de asociación local y global, que crean cooperación y competencia encaminada al fortalecimiento de las empresas individuales y de la asociación, enfocando que los productos y servicios que se prestan, tengan mayor calidad, más oportunidad, mejores precios, mayores canales de distribución y estén enmarcados dentro de unas normas vigentes a nivel empresarial.

Las universidades contribuyen con eventos importantes como las muestras empresariales, las muestras virtuales, los cursos de emprendimiento, de capacitación para el trabajo más los semilleros y grupos de investigación, con los cuales se pueden realizar alianzas importantes. El sistema de información y la articulación requerida con el medio universitario, deben de contribuir al mayor incremento de las acciones en ciencia y tecnología para lograr empresas más competitivas y que traspasen el área de lo puramente artesanal. Las organizaciones como se ha dicho deben de constituirse en organizaciones que aprendan, que conozcan el entorno, los clientes, consumidores, proveedores y competidores y que sean capaces de adaptarse a los cambios.

    Las empresas, deben incorporar el interés económico, mediante precios competitivos a nivel internacional, incluyendo intereses sociales, ambientales y deben cobrar relevancia temas como la equidad, la distribución, el acceso al desarrollo, el capital humano y la sostenibilidad de los recursos naturales. Las iniciativas de asociatividad a aplicar en Colombia, deben orientarse por la estrategia que emplean las Kaishas, o empresas japonesas, que consiste en darle especial énfasis al factor humano, fortalecer el área de producción y calidad, establecer alianzas estratégicas e implementar una estructura participativa para la toma de decisiones. Respecto a las alianzas estratégicas entre empresas, éstas se basan en relaciones mutuas de dependencia y estrecha colaboración, en las que pueden participar clientes, proveedores, distribuidores, financiadores, productores, subcontratistas, consumidores, instituciones gubernamentales y hasta sindicatos; actúan con perspectiva hacia el exterior y buscan el beneficio mutuo en el largo plazo, favoreciendo un flexible sentido de grupo y el cumplimiento de los acuerdos entre las partes (Ogliastri, 1992).

       Los modelos de gestión asociativos deben considerar y apropiarse plenamente de las tecnologías de la información y el conocimiento, en especial por el valor agregado y por el soporte que les proporcione trabajar con sus plataformas en internet, bien sea en las áreas de comercio electrónico, intercomunicaciones, estrategias de promoción y publicidad, gestión de ventas y en otras que surjan, dado el dinamismo y constante evolución de la era global. Esta iniciativa no solo debe contemplarse por estar a tono con las corrientes de vanguardia, sino porque los sistemas de información gerencial aportan tecnologías que en términos reales brindan diversos beneficios funcionales a las empresas individuales y las redes conformadas (Laudon y Laudon, 2008). Las empresas deben necesariamente superar barreras culturales o diferencias particulares para así aunar esfuerzos y trabajar armónica y decididamente de manera asociativa, por su propio bienestar y por el de las cadenas creadas. Deben asumir un compromiso de largo plazo, de manera seria y sin prevenirse por el riesgo de perder su identidad o la autonomía individual de sus empresas, pues no se trata de fusionar firmas, sino de trabajar de manera mancomunada. Solo así se crearán verdaderas cadenas de valor, en concordancia con los planteamientos de Michael Porter, respecto al denominado Diamante de Poder (Porter, 1990).

    Al afrontar los retos de crear redes de colaboración empresarial con vocación exportadora, las empresas participantes deben considerar la gestión del conocimiento como un valioso atributo que le puede generar cohesión y sostenibilidad a sus encadenamientos productivos (Nonaka, 2007), bien sea por el poder compartir y acceder a nueva y refrescante información relacionada con el negocio o por el surgimiento de grupos de práctica, que pueden convertirse en nuevos generadores de conocimiento. En la medida en que las compañías que conformen los encadenamientos de exportación se conozcan más a fondo, se podrán gestar grupos de práctica en los cuales sus empleados podrán compartir sus experiencias para propiciar mayor conocimiento y creación de valor en sectores y temas específicos. Los grupos de práctica complementan las estructuras existentes y refuerzan radicalmente los procesos de conocimiento compartido, aprendizaje y cambio (Snyder y Wenger, 2000).

       El diseño y la aplicación de las normas del comercio multilateral,  deberán ajustarse para permitir a los países en desarrollo, en particular a los de ingresos bajos, mayor margen de maniobra para adoptar políticas activas de promoción del sector productivo y de las exportaciones, a fin de alcanzar objetivos de desarrollo sostenibles. Los objetivos de internacionalizar una empresa son (Canals, 1994): Apertura de nuevos mercados,  Costos de producción más bajos, Una estructura de la producción y la distribución de la empresa más eficiente. Para poder subsistir ante la globalización y la alta competencia, la internacionalización se ha convertido en una necesidad para la supervivencia de la empresa. Se distingue la formulación de diversas estrategias que pueden seguir las compañías en su proceso de internacionalización que, a su vez, reflejan distintos grados de intensidad: empresa exportadora, empresa multinacional, empresa global y empresa transnacional. La globalización de los mercados permite no solo la movilidad del capital financiero sino también del capital tecnológico y del conocimiento.

Ante la perspectiva de inclinarse o no por el libre comercio, se presentan teorías que promueven el comercio internacional como factor de desarrollo y fortalecimiento económico que proporciona beneficios importantes (Frieden y otros, 2010). Y que consideran el comercio como una fuerza positiva para el desarrollo, aunque la liberalización comercial por sí misma, puede que no sea suficiente (Stiglitz y Charlton, 2007). Otras teorías, por el contrario, en un evidente enfrentamiento conceptual, consideran el libre comercio como un medio para generar disparidad y explotación entre naciones ricas y débiles (Carpintero y otros, 1999). Quienes se oponen a la globalización, manifiestan que sus efectos nocivos se reflejan en el deterioro del empleo y los salarios, la violación a las regulaciones ambientales y laborales, la inequidad en el ingreso, el irrespeto a las soberanías nacionales y la pérdida de identidad y diversidad cultural. De ahí su abierta oposición y la negación de sus posibles beneficios. Por ello, muchos gobiernos aplican barreras al comercio para proteger a las industrias que compiten contra los productos importados, a pesar de que la mayoría de los economistas recomienda el libre comercio (Krugman y Wells, 2006).

         Las dos fuerzas encargadas de difundir y fortalecer los procesos de globalización en el mundo son el desmonte a las barreras comerciales y a la inversión extranjera, y la innovación tecnológica, cada ambiente de negocios es único por sus características culturales, legales, políticas, económicas y cambia de país a país, por lo que exige una actitud de adaptación; el ambiente de negocios internacional orienta la gestión de las compañías en una profunda interrelación; y la gestión de las firmas multinacionales difiere en alto grado de las firmas eminentemente domésticas. El proceso de internacionalización se debe asumir de manera escalonada, contemplando diferentes variables de diferente grado de incidencia y de repercusión, de forma tal que la inserción en el contexto global sea segura y exitosa (Rugman y otros, 2002).

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