Integración de las teorías
de la competitividad en contextos globales y la normatividad, para lograr desde
las empresas colombianas una competitividad nacional con justicia social.
Las empresas
colombianas, en un cambio de normatividad, con una competitividad nacional con
justicia, deberían articularse con instituciones de apoyo como las
universidades, ya que es necesario que se instituyan, porque es ahí, donde está
la fuente de capacitación e investigación para las empresas.
Además, los modelos de
asociación local y global, que crean cooperación y competencia encaminada al
fortalecimiento de las empresas individuales y de la asociación, enfocando que
los productos y servicios que se prestan, tengan mayor calidad, más
oportunidad, mejores precios, mayores canales de distribución y estén
enmarcados dentro de unas normas vigentes a nivel empresarial.
Las universidades
contribuyen con eventos importantes como las muestras empresariales, las
muestras virtuales, los cursos de emprendimiento, de capacitación para el
trabajo más los semilleros y grupos de investigación, con los cuales se pueden
realizar alianzas importantes. El sistema de información y la articulación
requerida con el medio universitario, deben de contribuir al mayor incremento
de las acciones en ciencia y tecnología para lograr empresas más competitivas y
que traspasen el área de lo puramente artesanal. Las organizaciones como se ha
dicho deben de constituirse en organizaciones que aprendan, que conozcan el
entorno, los clientes, consumidores, proveedores y competidores y que sean
capaces de adaptarse a los cambios.
Las empresas, deben
incorporar el interés económico, mediante precios competitivos a nivel
internacional, incluyendo intereses sociales, ambientales y deben cobrar
relevancia temas como la equidad, la distribución, el acceso al desarrollo, el
capital humano y la sostenibilidad de los recursos naturales. Las iniciativas
de asociatividad a aplicar en Colombia, deben orientarse por la estrategia que
emplean las Kaishas, o empresas japonesas, que consiste en darle especial
énfasis al factor humano, fortalecer el área de producción y calidad,
establecer alianzas estratégicas e implementar una estructura participativa para
la toma de decisiones. Respecto a las alianzas estratégicas entre empresas,
éstas se basan en relaciones mutuas de dependencia y estrecha colaboración, en
las que pueden participar clientes, proveedores, distribuidores, financiadores,
productores, subcontratistas, consumidores, instituciones gubernamentales y
hasta sindicatos; actúan con perspectiva hacia el exterior y buscan el
beneficio mutuo en el largo plazo, favoreciendo un flexible sentido de grupo y
el cumplimiento de los acuerdos entre las partes (Ogliastri, 1992).
Los modelos de gestión
asociativos deben considerar y apropiarse plenamente de las tecnologías de la
información y el conocimiento, en especial por el valor agregado y por el
soporte que les proporcione trabajar con sus plataformas en internet, bien sea
en las áreas de comercio electrónico, intercomunicaciones, estrategias de
promoción y publicidad, gestión de ventas y en otras que surjan, dado el
dinamismo y constante evolución de la era global. Esta iniciativa no solo debe
contemplarse por estar a tono con las corrientes de vanguardia, sino porque los
sistemas de información gerencial aportan tecnologías que en términos reales
brindan diversos beneficios funcionales a las empresas individuales y las redes
conformadas (Laudon y Laudon, 2008). Las empresas deben necesariamente superar
barreras culturales o diferencias particulares para así aunar esfuerzos y
trabajar armónica y decididamente de manera asociativa, por su propio bienestar
y por el de las cadenas creadas. Deben asumir un compromiso de largo plazo, de
manera seria y sin prevenirse por el riesgo de perder su identidad o la
autonomía individual de sus empresas, pues no se trata de fusionar firmas, sino
de trabajar de manera mancomunada. Solo así se crearán verdaderas cadenas de valor,
en concordancia con los planteamientos de Michael Porter, respecto al
denominado Diamante de Poder (Porter, 1990).
Al afrontar los retos de
crear redes de colaboración empresarial con vocación exportadora, las empresas
participantes deben considerar la gestión del conocimiento como un valioso
atributo que le puede generar cohesión y sostenibilidad a sus encadenamientos
productivos (Nonaka, 2007), bien sea por el poder compartir y acceder a nueva y
refrescante información relacionada con el negocio o por el surgimiento de
grupos de práctica, que pueden convertirse en nuevos generadores de
conocimiento. En la medida en que las compañías que conformen los
encadenamientos de exportación se conozcan más a fondo, se podrán gestar grupos
de práctica en los cuales sus empleados podrán compartir sus experiencias para
propiciar mayor conocimiento y creación de valor en sectores y temas
específicos. Los grupos de práctica complementan las estructuras existentes y
refuerzan radicalmente los procesos de conocimiento compartido, aprendizaje y
cambio (Snyder y Wenger, 2000).
El diseño y la aplicación
de las normas del comercio multilateral, deberán ajustarse para permitir a los países
en desarrollo, en particular a los de ingresos bajos, mayor margen de maniobra
para adoptar políticas activas de promoción del sector productivo y de las
exportaciones, a fin de alcanzar objetivos de desarrollo sostenibles. Los
objetivos de internacionalizar una empresa son (Canals, 1994): Apertura de
nuevos mercados, Costos de producción
más bajos, Una estructura de la producción y la distribución de la empresa más
eficiente. Para poder subsistir ante la globalización y la alta competencia, la
internacionalización se ha convertido en una necesidad para la supervivencia de
la empresa. Se distingue la formulación de diversas estrategias que pueden
seguir las compañías en su proceso de internacionalización que, a su vez,
reflejan distintos grados de intensidad: empresa exportadora, empresa
multinacional, empresa global y empresa transnacional. La globalización de los
mercados permite no solo la movilidad del capital financiero sino también del
capital tecnológico y del conocimiento.
Ante la perspectiva
de inclinarse o no por el libre comercio, se presentan teorías que promueven el
comercio internacional como factor de desarrollo y fortalecimiento económico
que proporciona beneficios importantes (Frieden y otros, 2010). Y que
consideran el comercio como una fuerza positiva para el desarrollo, aunque la
liberalización comercial por sí misma, puede que no sea suficiente (Stiglitz y
Charlton, 2007). Otras teorías, por el contrario, en un evidente enfrentamiento
conceptual, consideran el libre comercio como un medio para generar disparidad
y explotación entre naciones ricas y débiles (Carpintero y otros, 1999).
Quienes se oponen a la globalización, manifiestan que sus efectos nocivos se
reflejan en el deterioro del empleo y los salarios, la violación a las
regulaciones ambientales y laborales, la inequidad en el ingreso, el irrespeto
a las soberanías nacionales y la pérdida de identidad y diversidad cultural. De
ahí su abierta oposición y la negación de sus posibles beneficios. Por ello,
muchos gobiernos aplican barreras al comercio para proteger a las industrias
que compiten contra los productos importados, a pesar de que la mayoría de los
economistas recomienda el libre comercio (Krugman y Wells, 2006).
Las dos fuerzas
encargadas de difundir y fortalecer los procesos de globalización en el mundo
son el desmonte a las barreras comerciales y a la inversión extranjera, y la
innovación tecnológica, cada ambiente de negocios es único por sus
características culturales, legales, políticas, económicas y cambia de país a
país, por lo que exige una actitud de adaptación; el ambiente de negocios internacional
orienta la gestión de las compañías en una profunda interrelación; y la gestión
de las firmas multinacionales difiere en alto grado de las firmas eminentemente
domésticas. El proceso de internacionalización se debe asumir de manera
escalonada, contemplando diferentes variables de diferente grado de incidencia
y de repercusión, de forma tal que la inserción en el contexto global sea
segura y exitosa (Rugman y otros, 2002).
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